What remains of your identity when everything is taken?

He estado siguiendo algunas de las entrevistas con los rehenes israelíes liberados, jóvenes que pasaron dos años en cautiverio de Hamás, soportando tortura física, sexual y psicológica. Y uso la palabra torura intencionalmente, porque lo que vivieron—simplemente por ser judíos—no fue solo abuso; fue tortura.

Hamás intentó con todas sus fuerzas quitarles todo, destruirlos. Y sinceramente lograron quitarles mucho. Pero no pudieron arrebatar lo más importante: su humanidad y su identidad.

Rom Braslavski, uno de los rehenes liberados, dijo algo que se ha quedado conmigo desde entonces:

“Hamás me quitó todo lo que era. Destrozaron mi cuerpo y mi mente. Pero hubo algo que no pudieron quitarme: mi identidad como judío. Nací judío y moriré judío.”

Rom fue golpeado todos los días y sometido al hambre durante más de dos años. Terroristas de Hamás le dijeron que, si se convertía al islam, recibiría mejor trato y comida. Él se negó y eligió permanecer fiel al judaísmo. Qué profundo sentido de identidad. Qué valentía.

Otro rehén israelí liberado, Avinatan Or, dijo algo similar después de sobrevivir dos años de cautiverio en Gaza:

“Te pueden quitar todo—tu libertad, tu nombre, tu tiempo, tu cuerpo. Pero nadie puede quitarte tu mente ni tu humanidad.”

Sabes que es la humanidad? La humanidad es nuestra capacidad de compasión, empatía, conciencia moral y la habilidad de reconocer la dignidad de los demás. He estado reflexionando sobre esto y preguntándome si nosotros en Occidente aún tenemos una identidad lo suficientemente fuerte a la cual aferrarnos—incluso en cautiverio y bajo tortura. Una identidad lo bastante sólida como para darnos la fuerza de negarnos a convertirnos a otra religión, incluso si eso significara seguir siendo torturados o incluso morir. Lo suficientemente fuerte como para rechazar comida después de meses de hambre, simplemente por permanecer fieles a nuestras creencias, valores y sentido de quiénes somos—las cosas que moldean nuestra identidad.

Porque una identidad que borra la humanidad—que destruye la capacidad de reconocer la dignidad de los demás simplemente por ser diferentes—no es realmente una identidad para mí. Es una ideología distorsionada cuyo único propósito es la destrucción.

En el Occidente vivimos, en su mayoría en democracias estables, y también en sociedades globalizadas que afirman ser tolerantes con todo. Pero al hacerlo, a menudo pierden su propia identidad. Hoy podemos elegir y redefinir nuestra identidad como queramos, y probablemente será aceptada. Incluso veo personas que cambian su identidad según su estado de ánimo. Y nuestra conciencia moral está más influenciada por los algoritmos de TikTok que por la realidad que enfrenta el mundo. El odio que vemos cada día en línea nos muestra cuán rápido se están erosionando nuestros “estándares de humanidad”—nuestra capacidad de reconocer la dignidad de los demás. Se está volviendo más fácil cancelar y destruir que ser tolerantes en la vida real—fuera de tus algoritmos—porque eso requiere un esfuerzo real. Y por cierto, la vida real sigue existiendo 😉

I’ve been asking myself what the foundation of my own identity truly is. What would nourish my mind and spirit in the face of extreme adversity? What would preserve my humanity deep within my heart? Wich of my values would shield me from hate? Which part of my identity would remain non-negotiable, even with a gun pointed at me?

Al reflexionar sobre esto, me di cuenta de que, si me quitaran todo, lo único que me sostendría—lo único que nadie puede quitarme—es mi fe. Es Jesús. Su amor, perdón, humildad, gracia y sacrificio. Su vida y su amor sostienen la humanidad viva en mi corazón. Eso es lo que permanece para mí: Jesús.

¿Qué parte de tu identidad te mantendría con vida en una situación así? Si no en el cuerpo, ¿en el espíritu?


“Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.”

Filipenses 3:20

Blessings,

Ana Laura


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