Disfruto mucho estar bien informada, lo que me lleva a ver las noticias a diario. Pero hoy en día puede ser muy abrumador procesar toda la incertidumbre del mundo—especialmente si vas más allá de los titulares. A veces me enojo mucho al ver tanta injusticia siendo etiquetada como justicia. Me entristece ver tantos movimientos que, aunque nacen de causas nobles, también están impulsados por amargura y odio—lo que resulta en rebeldía y, finalmente, en más injusticia.
Hay una diferencia entre justicia y autosuficiencia moral—y quizá, solo quizá, no la estamos sabiendo reconocer. Ambas pueden involucrar un sentido de lo correcto y lo incorrecto, pero la autosuficiencia moral es la justicia distorsionada por el ego.
Déjame explicarlo con un ejemplo sencillo:
Fui herida. Alguien me trató injustamente. La respuesta natural ante la injusticia es la ira y la rabia—y eso es completamente normal, incluso saludable, mientras procesamos lo sucedido. Pero lo que hacemos después con ese dolor y esa ira es decisivo, porque tenemos dos opciones:
- Elegir perdonar. Esto no siempre significa restaurar la relación con la persona que te hirió, pero sí significa que ya no cargas con la ofensa. La ofensa ya no tiene poder sobre ti.
- Aferrarse a la ira. Tu corazón se llena de amargura, y esa amargura eventualmente se convierte en rabia. La ofensa ahora te controla.
Así que déjame decir esto: buscar justicia es noble y necesario—pero la justicia sin perdón no existe. Solo causa más daño, esparce odio y hiere a más personas.
Según investigaciones, al menos la mitad—y a menudo hasta dos tercios—de los homicidios en América Latina están directamente relacionados con la venganza o represalias. Las personas heridas hieren a otros. Por eso el perdón es tan importante. Estas personas buscaban justicia, pero terminaron generando más injusticia.
La paz solo puede ser sostenible si el fundamento de tu búsqueda de justicia es el perdón, porque el perdón nos permite sanar lo que ha sido herido. Y ese fundamento ya fue establecido por Jesús. Cuando Jesús estaba siendo crucificado, torturado y tratado injustamente, dijo—en medio de un dolor inmenso y una profunda injusticia:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” — Lucas 23:34
¡Qué mensaje tan poderoso! Te animo a leer todo el capítulo en la Biblia, porque la historia es impresionante y puedes aprender mucho sobre justicia, amor y perdón.
Piensa en esto: nunca podremos ser 100% justos. Y aun así, Jesús nos declaró justos—porque nos perdonó y cargó con toda la injusticia del mundo en la cruz. Al hacerlo, nos mostró que el fundamento de la justicia es el perdón.
Así que aquí van dos llamados para ti:
- Examina tu corazón cuando busques justicia. “Todo camino del hombre es recto en su propia opinión, pero el Señor pesa los corazones.” — Proverbios 21:2
- Posiciónate cuando veas injusticia. No seas indiferente. “Habla por los que no tienen voz, por los derechos de todos los desamparados. Habla y juzga con justicia; defiende los derechos del pobre y del necesitado.” — Proverbios 31:8–9
“El juicio volverá a basarse en la justicia, y todos los de corazón recto lo seguirán.” –— Salmo 94:15
Espero que estas palabras resuenen aunque sea un poco en tu corazón y te ayuden a perdonar, sanar y buscar justicia extendiendo gracia.
Many blessings!
Ana Laura


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