Love in times of war

El orden mundial, tal como lo conocíamos, está cambiando delante de nuestros ojos. La realidad que nos resultaba familiar se transforma constantemente. La aparente paz que reinaba durante años parece haberse desmoronado de repente. Conflictos internos salen a la superficie y tensiones entre países se intensifican. Ya no escuchamos solo rumores de guerra; los enfrentamientos ya están aquí.

Qué ironía que, justamente en la era de la tolerancia y del “love is love”, la aparente paz se haya quebrado, el amor de muchas personas se haya enfriado y la maldad parezca multiplicarse. Quizá porque gran parte de esa paz era más bien como un telón: una fachada que parecía sólida, pero que en realidad no tenía fundamentos profundos que la sostuvieran. Sus raíces estaban podridas.

Hoy la tolerancia se practica dentro de algoritmos que nunca nos contradicen. Y el amor se ha reducido, a un eslogan atractivo. Hemos convertido el amor, que debería ser un verbo lleno de acción, en un simple sustantivo vacío.

Hace poco leí algo que me hizo reflexionar: tal vez el mundo no está necesariamente peor, sino que las realidades que antes no veíamos ahora están saliendo a la luz. Y, siendo honestos, eso tiene sentido. Porque uno siempre cosecha lo que siembra.

Si como sociedad sembramos orgullo, mentira, maldad y decadencia moral, ¿cómo esperamos cosechar amor, justicia y paz?

En tiempos de incertidumbre y tensión como los que vivimos, mi consejo para ti es sencillo, pero requiere esfuerzo:

  • Practica el amor, incluso en el campo enemigo.
  • Busca la verdad, no solo la realidad que te agrada o que toleras.

Digo intencionalmente practicar el amor, porque no basta con hablar de él. El amor verdadero se vive, se demuestra y se ejerce incluso cuando resulta incómodo.

La Biblia lo expresa de una manera muy linda y puntual:

Y aquí hay algo importante que necesitamos recordar hoy más que nunca:

“Love isn’t always love.”
No todo lo que hoy se presenta como amor realmente lo es.

El verdadero amor según 1 Corintios 13 no es orgulloso.
Es paciente y benigno.
No tiene envidia.
No es jactancioso ni arrogante.
No busca lo suyo ni actúa de manera indebida.
No se irrita con facilidad ni guarda rencor.
Y, una vez más: no se alegra de la injusticia, sino que se alegra de la verdad.

Vivimos en un momento crucial de la historia. Y personalmente, he decidido mirar estos tiempos de cambio con esperanza y no con angustia. Porque también pueden ser una oportunidad. Una oportunidad para revisar nuestro corazón, nuestras motivaciones, compás moral, nuestros valores y nuestros fundamentos personales.

Hay dos señales que vale la pena observar en nuestro propio corazón:

  1. Empieza a preocuparte cuando sientas que ya no puedes perdonar y, por lo tanto, ya no puedes amar correctamente.
  2. Empieza a preocuparte cuando el odio empiece a disfrazarse de justicia dentro de ti, y la venganza se justifique en nombre de la paz.

Porque si no aprendemos a practicar la tolerancia más allá de nuestro propio algoritmo, el odio lo tendrá muy fácil…

Te doy un ejemplo sencillo que muestra cómo hoy en día el odio puede disfrazarse fácilmente de amor o de justicia.

Imagina que una persona que te simpatiza maltrata a otra. Y decides conscientemente no denunciarlo, porque quien maltrata te cae bien o comparte tus valores.

Ahora imagina lo contrario: alguien que te cae mal comete el mismo acto. En ese caso, reaccionas inmediatamente y decides denunciarlo.

La pregunta no es solo qué hiciste,sino por qué lo hiciste..

¿Tu reacción nace del amor por la víctima?
¿O del odio que sientes hacia el agresor?

Sin amor no somos nada, porque cuando este mundo pase, lo que seguirá siendo es el amor, todo lo demás dejará de ser. Y cuando estés delante de Dios no te preguntará cuantos argumentos ganaste, sino cuanto amaste.

Pero recuerda esto: love isn’t always love.

Busca la verdad.
Busca lo justo.
Busca lo bueno.
Busca a Dios.

Porque eso es amor.

Te bendigo con el amor puro y verdadero del Padre.

Ana Laura


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