Tenemos el privilegio de vivir en una época donde todo está disponible en abundancia, y aun así muchos nos sentimos vacíos—o estamos buscando algo que llene el vacío que experiencia nuestra alma. Creo que vivimos en una era con una gran apertura hacia lo espiritual. Las personas intentan llenar este anhelo interior a través de distintos caminos—quizás yoga, meditación, cartas del tarot, energías, el universo o la manifestación.
Cada uno de nosotros está buscando plenitud y paz a través de alguna forma de espiritualidad. Como compartí en mis redes sociales la semana pasada, he notado en muchas situaciones que las personas que creen en el universo, las cartas del tarot, las energías, o incluso en una mezcla de Dios y el universo, suelen reaccionar de cierta manera:
Agradecen mucho al universo cuando les suceden cosas buenas. Pero en cuanto ocurre algo malo, automáticamente culpan a Dios.
Esto me sorprende: ¿por qué culpar a Dios si has estado adorando a otros ídolos? Lógicamente, ¿no deberías culpar a esos ídolos y no al Dios que ignoraste cuando llegaron las cosas buenas?
De hecho, la Biblia dice que “toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto” - Santiago 1:17. Así que cuando suceden cosas malas, Dios puede permitirlas, pero no provienen de Él.
Entonces comencé a preguntarme: ¿de dónde viene esta reacción? Creo que nuestra alma lleva la huella de Dios, por eso la humanidad siempre ha buscado algo más allá de este mundo. Nos sentimos naturalmente atraídos por lo desconocido, por algo más grande que nosotros mismos.
Pero al mismo tiempo, muchas veces dejamos que nuestro ego tome el control. Tendemos a creer que nosotros, como seres humanos, somos invencibles o que tenemos todo bajo control. Por eso creo que resulta más fácil agradecer al “universo” cuando suceden cosas buenas—porque en el fondo todavía nos permite atribuirnos el mérito. Nuestro ego puede ser demasiado orgulloso como para reconocer que alguien más grande que nosotros—como Dios—es quien nos bendice y nos ayuda a alcanzar esas cosas buenas.
Pero cuando sucede algo malo, algo que está fuera de nuestro control o incluso del “universo”, nos enojamos con Dios. Porque nuestro ego necesita a alguien a quien culpar¿verdad?
Quizás me preguntes: si Dios es bueno, ¿por qué permite que me pasen cosas malas?
Bueno, muchas cosas suceden por nuestras propias decisiones. Y porque Dios es bueno y nos ama, nos dio libre albedrío. Tenemos el poder de decidir qué hacer y a qué ídolos o dioses queremos servir. Él nunca te obligará a servirle, pero te dio libremente el mayor regalo—solo tienes que aceptarlo libremente.
Déjame explicarlo mejor: ¿es malo tener otros dioses o ídolos? ¿Permitir que alguien “arregle” tu energía o tus chakras? ¿O adorar al sol y a la luna mientras practicas yoga? Estas cosas pueden darte ayuda a corto plazo, incluso durante toda tu vida aquí… pero ¿qué sucede después de eso?
En el momento en que das tu último respiro… el juego termina.
En el mundo espiritual solo existe el bien y el mal—no hay un punto intermedio. Así que o sirves a Dios o sirves al diablo. Podrías decir: “Pero la luna fue creada por Dios. ¿Por qué estaría adorando al diablo si solo estoy rezando a la luna?” Porque estás adorando creación, no al Creador.
“Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a las cosas creadas antes que al Creador, quien es bendito por siempre.” - Romanos 1:25
El universo y toda la creación existen para reflejar la grandeza del Creador—nuestro Dios—no para ser adorados por nosotros.
La Biblia nos muestra muy claramente cómo solíamos actuar:
“Alabaste a dioses de plata y de oro, de bronce, hierro, madera y piedra, que no ven, ni oyen, ni entienden; pero no honraste al Dios en cuya mano está tu vida y todos tus caminos.”- Daniel 5:23
Hay algo seguro: todos vamos a morir, y podemos elegir donde queremos vivir después. Yo elijo la eternidad—con Dios. Y la clave es el regalo que mencioné antes: Jesús.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Juan 3:16
Realmente espero que tomemos la decisión correcta, porque la vida es corta—pero la eternidad no lo es. Elige sabiamente.
Blessings,
Ana Laura


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